Hoy, la calle Lima se pintó de colores, y es que decenas de danzarines recorrieron la vía recordando el mes festivo. Y aunque en cualquier otra circunstancia, la razón habría sido por devoción, en este año pandémico la danza significó protesta.

En la semana de la Candelaria nadie festeja, el panorama es atípico a tal punto de ser escalofriante. Los sikuris y tuntunas deberán esperar un año para salir a bailar, o quien sabe, más.

Danzarines protestan vistiendo trajes de luces. Fuente: TV UNA

Oración ante Virgen de la Candelaria

Doce meses atrás, nadie habría imaginado el contexto actual, sin música ni bandas. El silencio es lo único que se oye en la tercera semana de febrero. Los riachuelos de cerveza y granizo, son reemplazados por lejía y diversos líquidos desinfectantes, utilizados por los negocios de la ciudad. Las caretas de diablos y morenos, fueron sustituidos por las mascarillas y protectores faciales. En Puno, nada es igual.

La Federación Regional de Folclore y Cultura, suspendió toda actividad festiva en honor a la Virgen de la Candelaria, sin embargo, la fe permanece intacta en los miles de puneños que año a año demostraban devoción, fe y alegría. Hoy, se ponen de rodillas tras las rejas de la Iglesia San Juan Bautista, templo en el cual se ubica la imagen de la virgen tras una gigantesca puerta de madera, la cual parece catear a quienes repiten rezos y oraciones.

Fieles rezan frente a la imagen de la Virgen.

Los miles de visitantes que se registraban en los hoteles de la ciudad, hoy se encuentran en sus regiones, la festividad más grande del Perú, ha tomado un descanso, al igual que los hígados de los espectadores y danzarines, quienes año a año llenaban los bolsillos de los dueños de las cervecerías. La fiesta ha pasado a un segundo plano, hoy, lo más importante es la salud. Y también la familia. El núcleo de la sociedad, que había sido descuidado por las prioridades del segundo mes del año.

La otra cara

Aunque a la fuerza, Puno está encerrado. En los hogares nadie se preocupa por gastos innecesarios, ni cobros excesivos por el uso de trajes sintéticos. La embriaguez tampoco se hace presente, pese a que, las denominadas fiestas COVID siguen aglomerando gente, el excesivo consumo de alcohol ha tenido una considerable disminución. Asimismo, las niñas y adolescentes no tienen que preocuparse por sus pequeñas faldas. Los enfermos no tienen a quien acosar.
Los dos contrastes reflejados en la festividad, brillan por su ausencia. Las calles lucen tristes y vacías, sin embargo, las paredes están libres de ser ensuciadas por músicos que no encontraron un baño cerca, o que simplemente decidieron evacuar en donde les plazca.

Pérdidas

Los que más sufren son los bordadores. El trabajo para este año se redujo a cero. Nadie danzó, ni aquí, ni en Oruro. Mucho menos en las localidades de nuestra región. El paro de las fiestas, son símbolo de quiebra y pobreza. Su inversión está por los suelos.
La cultura no ha parado. Músicos, cineastas y poetas, trasladan su arte a través de la virtualidad. Saben que hoy, su trabajo es mucho más valorado. Puno necesitó este 2021 para respirar y reflexionar acerca de todo aquello que le hace mal. Y aunque definitivamente esta pandemia no es de ninguna manera una ocasión para celebrar, si lo es, para sopesar lo que significa verdaderamente la Festividad de la Virgen de la Candelaria.

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