El que hasta hace un año era el lugar turístico mas concurrido en Puno, hoy luce desolado. El muelle puneño que embarcaba diariamente a miles de visitantes a las islas de Los Uros, Amantani y Taquile, tan solo cuenta con la presencia de algunas artesanas y otras cuantas jaladoras ubicadas en las afueras de sus respectivos restaurantes, esperando ansiosas la llegada de algún comensal que consuma sus desvalorizados productos.

Los reclamos y exigencias no se hicieron esperar. La entrada de turistas nacionales antes de la cuarentena estricta era considerable, a pesar de que el ingreso económico aún se encontraba lejos de la regularidad. De a pocos la sostenibilidad volvía a la región. Sin embargo, desde Lima llegó el “golpe de gracia”. Puno ingresaba a las provincias y regiones consideradas en nivel de riesgo extremo, lo que significaría volver a empezar de cero, mucho más aún para los trabajadores del sector turismo, quienes ya no saben como volver a reinventarse.

Juana Callapa, vendedora perteneciente a la asociación de artesanos, señaló: “No hay ventas, no hay nada. Hay gente de Puno, pero a nosotros nos consume la gente de afuera que llega a visitar Los Uros. Antes de la cuarentena habían turistas nacionales, al menos vendíamos alguito, pero ahora el sector turismo y los artesanos hemos sido afectados al 100%”. Además, indicó que no han recibido los bonos repartidos por el Gobierno, a pesar de ser uno de los principales sectores perjudicados.

Ni Dircetur, ni el municipio, nadie se ha pronunciado. No hay una respuesta clara por parte de las autoridades provinciales. Mientras tanto, los artesanos y todos aquellos dedicados al rubro turístico, tan solo deben esperar. Muchos de ellos han desistido, cerraron definitivamente sus puestos para emprender en lo que se pueda.

A través de un medio local, el presidente de la Cámara de Comercio y Producción, Francisco Aquise Aquise, señaló que la Mesa Técnica de Turismo se reunió para plantear soluciones ante la falta de empleo en todo el sector.

Prácticamente todos los destinos se encuentran cerrados, ni los propios puneños pueden reactivar esta parte de la economía. Ante ello, el también ex presidente de la Cámara Hotelera de Puno, exigió un trabajo más eficiente por parte de las autoridades, indicando que se podrían implementar los protocolos de salubridad para la seguridad de todos los visitantes.

Puno está triste. Sin fiesta y sin lluvias, febrero no es el mismo de los últimos años. En las orillas del lago tan solo se habla un idioma, el inglés no es necesario y el aymara se ha refugiado en las alturas. La bandera a media asta significa el sentir de una población que vive en la incertidumbre y que oye los mensajes a la nación con el cuchillo entre los dientes. Hoy, en el mes de las diabladas y morenadas, no hay nada que celebrar.

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